martes, 13 de diciembre de 2011

NOTICIAS ARQUITECTURA.- Richard Rogers y 3,477 estacionamientos en Reforma...


Imagen cortesía: Legorreta+Legorreta

La historia la cuenta Víctor Legorreta en un abarrotado teatro Carlos Lazo en la UNAM. Resulta que la oficina que tiene con su padre, el afamado arquitecto Ricardo Legorreta, se asocia con su amigo no menos famoso Richard Rogers (vaya combinación) para realizar el proyecto del nuevo edificio corporativo de BBVA Bancomer, localizado en pleno Paseo de la Reforma, frente a la Torre Mayor. Todo va bien hasta que a Rogers le hacen saber el número de estacionamientos requerido por la mole de 50 pisos y 183 mil metros cuadrados de construcción. En ese momento casi se va de espaldas.

Acostumbrado a hacer edificios de características más o menos parecidas, a Sir Richard no le cabe en la cabeza que más del 40 por ciento del espacio construido en uno de los terrenos más caros de la ciudad se dedique a estacionamientos. En efecto, y aunque parezca increíble, la nueva torre destina casi la misma superficie a albergar automóviles (76,000 m2) que a oficinas (78,600 m2). Sencillamente no entiende tal despilfarro, especialmente considerando que el inmueble se ubica en un lugar particularmente bien abastecido de transporte público: la estación de Metro Chapultepec se encuentra a 300 metros, y el Metro Sevilla a 400, la línea de Metrobús está a poco más de un kilómetro, en la zona funciona el sistema de Ecobici, y por si fuera poco, por Reforma pasan los buses RTP Expresos, bastante más cómodos que los peseros que inundan el resto de la ciudad.

Es que en la retina de Rogers está la imagen de sus proyectos europeos, donde los cajones de estacionamientos, por grande que sea el edificio, se cuentan con los dedos de la mano, y generalmente están reservados para vehículos de emergencia o de personas con discapacidad. ¿Y entonces cómo llegan los gerentes y altos ejecutivos? En taxi, metro, bicicleta, bus o caminando, que a nadie se le pasa por la cabeza llegar en su automóvil particular a un lugar donde el precio del suelo y la alta demanda hace poco aconsejable destinar mucho espacio a sitios para aparcar coches.

El sector de Reforma no se diferencia mucho de este paisaje, pero aquí la lógica urbana parece funcionar de manera diametralmente opuesta. Y es que colocar 3,477 cajones de estacionamiento en un lugar céntrico, ya congestionado pero bien abastecido de transporte público, no sólo constituye un derroche injustificable de recursos económicos. También es un gran incentivo para la llegada de más vehículos a una zona de grandes atributos urbanos pero que está siendo aniquilada por la masiva presencia de automóviles para los cuales sencillamente no hay espacio.

Esta vez la culpa no es de los arquitectos; Víctor Legorreta señala que el alto número de cajones se debe a exigencias normativas propias del DF, lo que es cierto, pero no es menos cierto que si esas normas antediluvianas no existieran, los mandantes con toda seguridad habrían planteado la necesidad de contar con muchos, muchísimos estacionamientos. ¿O alguien se imagina a uno de los altos ejecutivos de BBVA saliendo de la estación de Metro Chapultepec o andando en un RTP? Las vacas volarán primero.

Según se informa, el proyecto de los Legorreta y Rogers pretende obtener calificación LEED Gold. Tiene el diseño y todas las ecotecnologías necesarias para lograrlo. El problema es que LEED es una herramienta tremendamente incompleta que no toma en cuenta variables de alto impacto ambiental que son efecto de la construcción de edificaciones convenientemente presentadas como ambientalmente amigables. ¿Puede ser considerada sustentable (cada vez detesto más la palabra) una obra que provee casi 3 mil quinientos estacionamientos en un área donde debiera haber sólo unos pocos? Importa poco que el edificio tenga techos verdes o jardines interiores, que para absorber todo el CO2 generado por los autos que allí se darán cita se necesitarán unas cuantas hectáreas de bosque que el proyecto está lejos de proveer. Moraleja: no todo lo que brilla es verde.

El nuevo centro operativo de BBVA, proyectado por Skidmore, Owens & Merrill (el dinero no fue obstáculo para contratar arquitectos), ubicado a 1.8 kilómetros de la torre, contará con otros 2,700 estacionamientos. En total, una sola institución aportará casi 6 mil 200 cajones a una zona donde los automóviles hacen nata. ¿Culpa de la norma o de la absurda y arraigada creencia que el estacionamiento es un derecho humano fundamental que justifica cualquier sacrificio con tal de proveerlo?


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