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sábado, 2 de febrero de 2013

NOTICIAS ARQUITECTURA.- Disertarán especialistas sobre la Arquitectura Mexicana del Siglo XX ...

Con la presencia de destacados arquitectos mexicanos, se llevará a cabo el ciclo de conferencias Arquitectura Mexicana del Siglo XX, en el cual se abordarán investigaciones de varios personajes inmersos en este arte

 
ARQUITECTURA que hiende el espacio en perfecto equilibrio; es el arte arquitectónico del siglo XX en México, Imagen cortesía Especial


Con la presencia de destacados arquitectos mexicanos, se llevará a cabo el ciclo de conferencias Arquitectura Mexicana del Siglo XX, en el cual se abordarán investigaciones de varios personajes inmersos en este arte.

Las conferencias se realizarán del jueves 31 de enero al jueves 4 de abril de 2013 en la sala Casa del Tiempo, espacio adscrito a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), organizadora del ciclo.


PROFESIONALES
Coordinada por Eduardo Langagne y Segismundo Engelking, la actividad arrancará con la conferencia Teoría de la arquitectura (José Villagrán García), a cargo de Ramón Vargas Salguero, el 7 de febrero. El mismo día, Aníbal Figueroa presentará Arquitectura del silencio (Luis Barragán). El programa continuará el 14 de febrero con la conferencia Arquitectura art deco (Vicente Mendiola), a cargo de Adrián Mendoza; el jueves 21, Carlos González Lobo hablará acerca de la Arquitectura organicista (Juan O´Gorman), y Esteban García Woodward dará una charla el 28 de febrero con el tema Ciudad Universitaria y Ciudad Satélite (Domingo García Ramos).

El 14 de marzo, José María Gutiérrez presentará Seguridad social (Alejandro Prieto y José María Gutiérrez), y por último, el programa llegará a su fin con la participación de Joaquín Álvarez Ordóñez, el 4 de abril, con la conferencia Panorama nacional en la arquitectura y el país en 1950.

Ramón Vargas Salguero es un arquitecto mexicano egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también se desempeñó como docente. Entre sus más recientes publicaciones se encuentran: La Arquitectura de la Revolución Mexicana, un enfoque social; Teoría de arquitectura de José Villagrán García e Historia de la teoría de la arquitectura. Carlos González Lobo es un arquitecto mexicano, profesor e investigador en la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

La experiencia profesional de González Lobo ha combinado la obra propia de búsqueda espacial y figurativa, con una vocación definida hacia el apoyo a los sectores más pobres de la comunidad, especializándose en vivienda popular, mediante el apoyo solidario a los grupos pro-vivienda, tanto en la ciudad como en las zonas rurales.

La Casa del Tiempo, ubicada en la colonia San Miguel Chapultepec, delegación Miguel Hidalgo, fue adquirida por la UAM a fin de preservar y difundir la cultura, ofreciendo al público en general talleres, cursos, conferencias, mesas redondas, música y cine. El acceso a todas las conferencias será de manera gratuita.


Vía NotiMex



 

lunes, 28 de noviembre de 2011

BIOGRAFÍAS DE ARQUITECTOS Y SU ARQUITECTURA.- José Villagrán García, Maestro de la Arquitectura Moderna en México

Desde 1937 José Villagrán García fue reconocido públicamente como el incuestionable maestro de la arquitectura moderna en México. (Mar, 04 Dic 2001)

Esta posición, tan sobresaliente y encomiable a la vez, fue convalidada por las sucesivas generaciones de profesionales que emergieron de la Escuela Nacional de Arquitectura a partir de 1924, año en que se inicia como profesor de composición a petición expresa de alumnos, entre los cuales se encontraban Enrique del Moral, Mauricio Campos, Marcia Gutiérrez Camarena y Francisco Arce, quienes encontraron en sus orientaciones el hilo conductor que les habría de permitir asumir la responsabilidad de llevar a cabo radicalmente la nueva arquitectura exigida por el México de los años 20.

Para aquilatar en toda su profundidad la aportación orientadora que la labor de Villagrán dio a los jóvenes arquitectos del segundo cuarto del siglo, es imprescindible tener en cuenta que la Revolución trastocó sustancialmente las condiciones materiales en que, a partir de ella, se iba a realizar la arquitectura, al poner a la orden del día la solución de los problemas masivos derivados de las reivindicaciones exigidas por las grandes masas trabajadoras del país. Si decimos que la irrupción de las exigencias de las clases depauperadas nunca antes habían sido contempladas o previstas por sector o clase alguna del país, tal vez nos acerquemos a expresar la magnitud del cambio.

Los arquitectos estaban acostumbrados a llevar a cabo grandes mansiones urbanas o solariegas de la vieja oligarquía terrateniente o de la nueva burguesía comercial e industrial. Fuera de estas obras, que sin lugar a dudas constituyeron el grueso de su producción arquitectónica, únicamente proyectaron y construyeron unos cuantos edificios gubernamentales y muchos menos de carácter comercial. Aparte de estas mansiones que les eran muy disputadas por todas las clases de "ingenierías", los arquitectos únicamente habían propugnado el embellecimiento de la ciudad y rescatado para ellos la asignación de todos los proyectos gubernamentales cuya proliferación imaginaron muy cercana a partir de los concursos que se habían convocado para construir el Teatro Nacional o el Palacio Legislativo. Si algo atrajo su atención, además de los dos aspectos ya indicados, fue la controversia no muy acendrada, por cierto, acerca de la procedencia de una orientación nacionalista dentro de la arquitectura.

Los pabellones con los que México participó en las exposiciones internacionales de 1889 y 1900, por ejemplo, así como, en la de Sevilla, en 1926, fueron prototipos de eclecticismo nacionalista. El nacionalismo indigenista y el neocolonial se disputaban la aquíescencia social ostentándose, cada uno de ellos, como el cabal y auténtico proseguidor de nuestra tradición cultural.

Como esta orientación nacionalista tan elementalmente asumida no encontraba campo propicio para desenvolverse, fuera de las escasas solicitudes gubernamentales motivadas por algún evento internacional, lo más a que dio lugar fueron las reflexiones que sobre el mismo tema llevaron a cabo dos destacados miembros del Ateneo de la juventud: José Vasconcelos y Pedro Henríquez Ureña, quienes plantearon en las postrimerías del porfirismo la posibilidad de erigir una arquitectura nacional no tanto a partir de las formas específicas de la arquitectura colonial, sino del empleo de los materiales tradicionales tales como la chiluca y el tezontle. Sólo dos voces, aisladas entre sí, se levantaron para proponer algunos criterios a partir de los cuales ubicarse ante la arquitectura del futuro.

Una fue la del ingeniero Alberto J. Pani, quien retomando un problema que no había encontrado solución en México a lo largo de siglos, hizo ver la importancia de la salubridad y de la higiene respectiva en las casas habitación de las clases pobres, principalmente, sin dejar de apuntar las consecuencias de dicha higiene en el programa general arquitectónico, así como en el criterio proyectual. La otra voz fue la del arquitecto Jesús T.Acevedo, miembro también del Ateneo, quien destacó el papel preponderante que los dos principales materiales de construcción, el acero y el concreto, iban a tener en el futuro de la arquitectura moderna, incomprensible sin ellos. Sin embargo, sea porque hicieron sus recomendaciones en el curso mismo de la fase armada de la Revolución, en 1916 y 1914, respectivamente, o sea porque Pani no resistió o por la prematura muerte de Acevedo, estas opiniones no encontraron mayor eco entre los arquitectos y, es más, todavía en el presente siguen sin encontrar pleno reconocimiento a su indiscutible papel de visionarios. Así pues, los arquitectos estaban completamente desarmados para enfrentarse fructíferamente a las exigencias arquitectónicas suscritas por las grandes masas; y si algo tenían en su haber, era una larga estadía en el eclecticismo estilístico de todo tipo: desde el neoclásico hasta el indigenista, pasando por el art noveau y alguna esporádica incursión en formas "exóticas", como más tarde las titularía Villagrán.